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La enigmática Tula, en Hidalgo Editar

Tula ago11

La imponente ciudad de Tula, ubicada al norte de la cuenca de México, en terrenos que hoy pertenecen al estado de Hidalgo.

Durante el reinado de Quetzalcóatl, la ciudad de Tula era famosa por sus palacios cubiertos de jade y elegantes ornamentos de plumas; también se decía que las fértiles tierras de Tula brindaban abundantes cosechas, y que hasta ahí arribaban numerosas caravanas de comerciantes transportando exquisitos y valiosos materiales, como cacao, metales preciosos, pieles de jaguar, jades y las cerámicas de mayor demanda deChiapas y Guatemala.

En 1940, tomando como base aquellos relatos, el arqueólogo Jorge R. Acosta excavó el llamado Cerro del Tesoro, cercano a la población de Tula de Allende, y descubrió los restos arquitectónicos de la antigua capital indígena, inmersos en este tiempo en un paisaje que difícilmente recrea las glorias pasadas. El resultado de las exploraciones mostró una gran plaza de planta cuadrangular, con un altar central y cuatro escalinatas para las ceremonias de carácter cotidiano; en una de las esquinas se encontró el basamento piramidal más significativo, que contenía en su interior unas extraordinarias secciones de columnas con forma de guerreros que hoy conocemos como “atlantes”. El equipo de arqueólogos rescató estos segmentos y los ubicó en la parte superior de la pirámide, demostrando con ello que las columnas sustentaban un hermoso templo, comunicando así un mensaje sustancial: que los guerreros sostenían el universo con su actividad bélica.   

Este basamento piramidal tiene como identidad decorativa en sus muros de lápidas de toba volcánica, relieves de jaguares y de coyotes que van caminando en una sagrada procesión; otras lápidas muestran figuras de águilas y buitres devorando corazones, y como elemento principal la presencia de un ser extraordinario, probablemente el propio Quetzalcóatl, que emerge de un animal fantástico, mezcla de jaguar, serpiente y águila.   

De esta ciudad indígena se conservan las ruinas de un magnífico palacio con tres patios, donde pueden admirarse elegantes columnas que sostenían los techos; alrededor de los muros quedan los restos de banquetas rituales, con figuras de guerreros ricamente ataviados que avanzan en procesión. Los arqueólogos detectaron en este edificio las huellas de un gran incendio, por lo que lo llamaron “El Palacio Quemado”. Asimismo, descubrieron dos canchas del juego de pelota, con la típica planta en forma de “I”, las cuales tenían anillos de piedra decorados con serpientes ondulantes; hay también vestíbulos con columnas y techumbres y los baños de vapor de tradición indígena conocidos como “temazcalli”.   

Hoy día la visita a la zona arqueológica de Tula nos acerca al mito y a la historia; ahí están presentes las huellas de Quetzalcóatl y su impronta civilizadora. En Tula se funden las tradiciones mayas con las del Altiplano Central: observando los atlantes, loschac-mool y otras muchas imágenes del México antiguo, queda en el aire la presencia de los mayas en el centro de México, y de Kukulkán, el nombre maya de Quetzalcóatl, que se hizo presente en Chichén Itzá, llevando consigo el arte y la cultura tolteca al sureste mexicano.